Por fin a descansar
El stress me está volviendo loco, ya no hallo la hora de parar y viajar al fin del mundo, perderme, desaparecer.. Hace un tres años que no huyo de Santiago, y si tomamos en cuenta los lo que llevo estudiando en la Universidad, con vacaciones de mesero o vendedor de retail, no he descansado desde el colegio. Venía planificando un viaje desde que inicié con la U. Todos mis compañeros venían de vuelta, se recorrieron el sur mochileando, o al extranjero los que tenían más plata. Yo, por otro lado, seguía juntando hasta la última de las monedas para las fotocopias del año académico. Si tenía varios días libre, me escapaba donde fuera, igual un fin de semana no le sirve mucho a una mente agotada. Trabajando tenía dinero de sobra. Recién me había mudado con mi novia, y en la conversación se repetía la idea de escaparse un mes. La idea era olvidar todo, arrancarse, no importaba dónde. Decidimos juntar un año una parte del sueldo cada uno, en un una cuenta común, y averiguar ofertas de viajes Pensamos en salir del país, que muchas veces es menos costoso que vacacionar aca Quería conocer lugares lejanos, países de lo más orientales, exóticos, raros. Alejandra quería relajo, paisajes naturales, rústicos. Como la plata nunca alcanza para lo que uno desea, viajar a Japón o a China estaba fuera de todo argumento, ni ver el los Jardines Colgantes de Babilonia o la Torre de Pisa. Aunque uno no lo crea, escapar de la ciudad no es difícil, no hay que viajar mucho para encontrar descanso. Sin ruido ni el ajetreo de la ciudad, paisajes bucólicos, lo más rústico posible. {Mi hermano me mencionó que mi abuelo tenía una finca en el sur|Un tío me prestó su casa cerca de la selva|Un amigo me convidó a su casa en el sur.El lugar quedaba cerca de varios sectores turísticos. Estaba, además, cerca de varios lugares turísticos. La idea de Alejandra era pasar una semana y de ahí seguir con el trayecto, la casa sería el lugar de descanso. Todo quedó listo para fines de junio. El día del viaje nos turnamos, unas seis horas cada uno, hasta llegar a la casa. Abrimos las cortinas enrrollables y quedamos extasiados con el ambiente de serenidad, un lindo jueves de julio en la cordillera. El lugar era maravilloso, fue lo primero que dijo mi novia. Se notaba que querían mucho la casa y la habían modernizado. Las persianas para las ventanas eran automáticas y motorizadas, detectaban la luz y podían programarse. Lo primero que hice fue apretar los botones, activando el roller, y después de conocerle los trucos, decidí programarlas para abrirse a las 12 del día. Igual dejé el control remoto cerca de la cama, por si dan ganas de seguir entre las sábanas