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De la escuela al empleo hay mucho trecho

Publicado: 2013-03-18

Juan Pablo es muy dedicado en lo que hace, algo poco común en una persona que instala seguridad para las casas. Este es un negocio muy rentable, repetía Juan, el jefe, quien dictó que se quedara trabajando, hace varios lustros, . El protagonista de esta historia no llevaba mucho tiempo desde que salió del liceo, y trataba de juntar erario para su universidad. No quería a instalar protecciones hasta anciano, pero igual despreciaba lo que hacía, se sentía satisfecho por lo que percibía de remuneraciones. En una tarde de tedio,recorriendo las calles de Guadalajara, Vio un afiche donde entregaban un trabajo. No requerían haber laborado en el rubro ni siquiera saberes relacionados, sólo estardeseoso superarse y tratar de aprender. Dubitativo,se convenció y postuló, porque quería una ocupación que no le quitara tiempo para descansar, estudiar, lo que sea. Madrugó la jornada que detallaba el aviso para llegar a la dirección señalada. Se llevó un desaire {cuando vio la larga cadena de personas esperando se abriera|al ver a la gran cantidad de hombres que esperaban bajo los toldos y Cortinas del local. Eran recién las 9 de la mañana, y según el aviso del negocio, se atendía a las 11. De los treinta que llegaron, fueron muy pocos los que no abdicaron. El local abrió cuatro horas antes de lo estimado. Era un negocio modesto. La recepcionista pidió que aguardaran a una conversación, y uno de los que había aguantado se retiró enojado. Fueron tres los postulantes. Esperó más de 30 minutos en la recepción, los demás postulantes entraron primero. Uno de los interesados en el trabajo acusó un compromiso impostergable por motivos también laborales, y el otro estaba desesperado por salir del lugar. Aunque le habría prometido a su novia ir al cine, se quedó para no pensar que había perdido la mañana. Ahora lleva dos meses laborando en la empresa. Está también ahorrando para entrar a la universidad. Hace unos meses volvió a realizar mantención a la oficina donde trabajó ese día. "Las persianas motorizadas son de maravilla", le comentó la empleada al reconocer su rostro.


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