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Las enfermedades están en la mente

Publicado: 2013-03-20

He meditado mucho y, pienso que esto de pasar metida en mi persona me alerta a las afecciones. Me fuí con dolores que me impidieron hacer mi vestido para la graduación, con picazón por todo el cuerpo y alucinando de lo lindo. Al final fui al doctor, el que me dio un cóctel de drogas, del tipo que tienes que tragar con mucho alimento. Hasta me hicieron subir de peso los infelices. Al contar los días de tomarlas tenía todo con hedor a medicamentos, incluso las cortinas modernas se impregnaron con el hedor. No se sucedieron más de dos días cuando no rememoré tomar mis medicamentos, y como no me había merendado, las distribuí con las pastillas anticonceptivas sin considerar las nefastas consecuencias. En un rato me pasó a buscar mi pololo, el Jaime, y partimos a emborracharnos al bar de la esquina. Al entrarse la noche me sentía horrible, el humo del tabaco quemado me tenía mareada, sentía arcadas con todo. Salí en el exterior del antro, en solitario, para estar más relajada. Me quedé largo rato y de ahí visité el baño. Después, como sé actuar, seguí carreteando muy feliz. Por dentro no me podía parar, no tenía conciencia de dónde estaba. Fue un terremoto de características apocalípticas, le quemé el chaleco a mi pololo, y en un instante mi novio y mi vieja alardeando que estaba encinta y mejor protegiera al nuevo miembro de la prole. De un tiempo a esta parte mi devenir es difícil de predecir, no entiendo qué sucedió. Me obsesioné con saberlo todo, y ahora soy libre, como volantín cortado. Deseo al sur, conversar con mi abuelita. Aguardaré hasta que se acaben mis obligaciones. Pasado mañana solicité cita con el médico, no confío en que sean muy excelentes noticias. Me veo enseñada para enfermarme y no la sacaré gratis esta vez. Es una reunión con el ginecólogo, para tener un certificado de que no sostengo a nadie, y de paso sostendré la conocida visita anual.


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