Mi minina es un maelstrom que arrasa toda la casa
Mi gata pasa todo el día meciéndose de las cortinas. A veces se lanza de un mueble, entierra sus garras en la tela y se desliza, dejándolas inutilizables. Consideramos que al primer celo ya no destrozaría tanto las telas. Desde hace un par de años que esperamos que deje sus comportamientos inmaduros. También tratamos de dirigir su interés hacía algo diseñado para ser destruido. Le hice unas tablas para arañar, forradas de cuerda. Según el vendedor del negocio, el producto era como un imán de felinos, llegarían hasta los animales vecinos a disfrutar afilando sus uñas en la tela pegada al palo. En la terraza le tiramos el regalo, y con alegría vimos que comenzaba a arañar el palo al instante. Fue gracioso descubrir que su afán con el adminículo se preparaba para rajar mejor el sillón más caro. En mi familia hasta mi mamá estaba enojada con la mascota. A ella le encantaban los gatos, aunque hay límite para cualquier afecto. Hemos invertido millones en muebles para la casa. Ante esto la gata se pone en campaña y en una semana inutiliza un mueble recién comprado. Comenté este entuerto en flickr. Una señora de edad me dijo que metiera a la mascota en una clínica de tratamiento para stress. Un amigo había llevado a su perro, pero no tenía idea que podía internar a mi gata. Recibí varias sugerencias, así que decidí arriesgarme. Cuando arribé a Bogotá advertí que habían pocas de estas clínicas, no como en Cali, donde estaba antes. opté por una y partí a otearla en persona. A mis gatas las siento como de la familia, por eso les entrego mucho tiempo. Lo paradójico fue que, aunque el lugar albergaba la más moderna tecnología, me cautivó el tono hogareño que mostraba un trato a deferente. Llevé a la pequeña a hospitalizarse, ahí recibiría un tratamiento único. Tal y como decía el parecer de la doctora, estaba estresada por el nulo espacio de la casa, además se juntaba su esterilización muy cachorra, se le acababan raudamente los panoramas. La especialista examinó a la niña en la recepción, y luego descorrió un panel japonés, para adentrarse con ella a otra habitación, donde no tenía acceso. Me comí las uñas casi un mes esperándola. {En ese lapso volvimos a cambiar las roller cortinas |En la casa aprovecharon de comprar unas bellas roller shades, las telas y tapices que había rajado la pequeña. Y mi gata no volvió a ser la de antes, después de dos meses fue robada irremediablemente.